cuentos

El safari de la mente

Nunca vio la flecha que se acercaba y lo atraveso lado a lado. Del otro extremo de la flecha una cuerda, del otro extremo de la cuerda una persona que empezaba a recogerla. Su borrosa piel fue arrastrada con movimientos firmes, una mano enguantada se encargo de sacarle la flecha y examinar el punto de entrada, para despues meterla dentro de una bolsa oscura.
– Una pequeña – dijo una de las personas. Su piel y su ropa eran de color similar a la tierra y estaba sentada en una butaca, al volante de un jeep.
– Si, pero era lo ideal para probar la nueva mira del abuelo – respondio la otra, mientras devolvia la flecha al fusil a presion.
Se quedaron en silencio, roto por el sisear del viento, hasta que encendieron el jeep y comenzaron a moverse.
– Podriamos ir al valle, donde estan todos esos huesos de elefante
– Me parece curioso ¿por que iran todos ahi a morir?
– No se, nunca se me habia ocurrido pensar en eso

Cuando llegaron el sol comenzaba a descender y desde la entrada al valle se alcanzaba a ver a las grandes, peleando entre si. Las pieles se sacudian en cada embestida, produciendo una agitacion en la que por un segundo podian verse formas, para luego desaparecer.
Descendieron, caminaron agachados apretando el paso y se escodieron tras una osamenta enorme. Contemplaron a los combatientes, eran muy grandes; soñaron en tener uno de esos como trofeo, pero en ocasiones cuando lograbas cazar uno el otro se te venia encima…
La que sostenia el rifle salio de su ensoñacion; si, ese era el problema con estos fusiles, en cuanto lograbas atrapar uno, si el otro se te venia encima no tenias oportunidad de dispararle tambien, necesitas tiempo para asegurar el primero antes de poder apuntarle al otro. Todo el mundo conocia la historia de alguien, que aterrado por un avance particularmente decidido de una de las bestias habia decidido abandonar a la que ya tenia en sus manos, a veces para ir a buscarla mas tarde, a veces nunca.
La otra hizo una señal, apuntando a un rebaño mas pacifico. Con un asentimiento la primera apunto, contuvo la respiracion y apreto el gatillo. La flecha corto el aire y atraveso a la bestia de lado a lado, que pese a la herida se resistia, mientras el resto del rebaño comenzo a huir en desorden.
– Mira, es obvio que nos tienen miedo
– ¿De que hablas? ¡Estas cosas no piensan!
La logica aplastante mantuvo cayada a la primera, mientras entre las dos arrastraban a la bestia. Con una mano enguantada le extrajo la flecha y despues la metio en la bolsa.
– Esta es mas grande, costo traerla
Se quedaron en silencio, un momento mas tarde subieron todo al jeep y arrancaron.
– Se me acaba de ocurrir una idea para mejorar el motor – dijo la otra mientras conducia

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