cuentos

Kyaj -cuento corto-

El pueblo de Kyaj nunca habia conocido la nieve.
Año tras año partian de alli hombres y mujeres, niñas y niños, ancianas y ancianos.
Partian buscando los tesoros que se encontraban pasando las praderas rojas, cruzando las montañas o internandose en el mar.
Por lo general no regresaban y si lo hacian era para buscar a algun ser querido.

Y para contar las historias.
Hablaban de Yig y sus hombres serpiente, de los escarabajos de oro del desierto occidental y de las ciudades de cristal.

Asi, con cada relato el pueblo se vaciaba mas y mas.
Kyaj se fue convirtiendo en una sombra de lo que fue, un pueblo abandonado.

La marea de arena del desierto movil habia llegado a su punto mas alto cuando en Kyaj
hubo una terrible tormenta; el viento soplo y aullo durante cinco dias.
Al sexto la gente salio de sus casas y contemplo la Ciudad Blanca de Kyaj envuelta en un metro de nieve eterna.

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Cancer (cuento corto)

Casi no lo consigo, pero logre terminar un cuento antes de fin de año

Cancer

En mi sueño estoy parado en un callejón vacío. La basura se acumula en una de las esquinas. Hojas de diario vuelan siguiendo los patrones del viento.

En mi sueño un gato con un ojo de menos me mira desde un poste del que salen cables para todos lados y se escucha la sirena de policía a lo lejos.

En mi sueño soy hombre, soy mujer, soy negro, soy blanco.

En mi sueño tengo un dolor atroz en las manos, las levanto para encontrar todos mis dedos deformados. Las levanto para encontrar que mi mano izquierda tiene un sexto dedo, al lado del meñique. Las levanto para encontrarlas llenas de sangre, mi sangre, que mana a borbotones. Las levanto para encontrar una extraña protuberancia en la palma de mi mano derecha.

Las levanto para encontrar que pequeños deditos están creciendo en el dorso. En las dos manos.

Retrocedo, estirando los brazos como si eso pudiera detener este horror, como si eso pudiera detener el crecimiento de esos dedos que ahora conquistan mis antebrazos.

Tropiezo.

Caigo.

Al caer siento como mi mano se funde con el cemento, con la mugre del suelo. Como mi piel se desborda y forma una masa que se alimenta de esa suciedad.

Apoyo la mano libre para intentar despegarme y veo que esta también se desborda para formar un charco de mi piel. Un charco que ondula y forma pequeñas olas. Un charco que crece.

Estoy demasiado horrorizado para gritar. No me animo. Tengo miedo de que algo espantoso me salga de la garganta.

Duele.

Duele como si me estuvieran arrancando la piel a tiras. Ahora grito porque se que pronto no voy a poder. Grito de dolor. Grito de furia. Grito de locura.

Grito de alegría.

Decenas de ojos se forman, el mundo se transforma en un collage coordinado que puedo mirar.

Puedo sentir cada centímetro de esta masa en que me estoy convirtiendo. Puedo sentir el tacto del suelo a cada centímetro que crezco. Las partes mas alejadas de mi están trepando por un caño de la misma forma que una enredadera.

Siento las grietas de la madera del poste donde estaba el gato. Ansío llegar a los cables.

Ahh, tantos cables, casi puedo saborearlos, están tan cerca.

Cuando los alcanzo me agarro con fuerza al plástico, como una expresión de triunfo. Mi piel ahoga la caja de switchs, acariciando cada conector.

Descanso un momento, antes de lanzarme a conquistar cada fibra, viajando para estar en todos lados. Para mirar el mundo con mis cien ojos. Para acariciar con mis miles de dedos.

No una entidad entera, sino una nebulosa de ideas y sentidos resonando en armonía

Estoy en cada hogar.

Tengo respuestas para cada pregunta.

Se donde esta todo.

Me despierto ¡Que sueño tan alucinado! Tengo que postearlo ya mismo. Me miro las manos (cinco dedos normales) y abro el browser. La pagina de inicio es Google.

Estoy en todos lados.

Tengo respuestas para cada pregunta.

Se donde esta todo.

Vacilo un momento y resignado, comienzo a teclear

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